El Diablo Sobre Teclas

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sábado, agosto 19, 2006

La evangelización de las zarigüeyas

Hubo un tiempo en el que las costumbres de los animales se utilizaban como ejemplos a seguir por el buen cristiano. Que la mayoría de los animales no mostrara ningún comportamiento significativo o relevante para esta utilidad no representaba ningún problema, ya que los comportamientos se inventaban y asignaban rápidamente a las distintas especies si hacía falta, según las simpatías del escritor (casi siempre un monje cristiano que no había visto en su vida al animal en cuestión).

Así, vean lo que cuenta un bestiario medieval del pobre y simpático topo:

“Es un animalito que, como no ve, cree que le ha de faltar para su sustento, y no se atreve a comer lo que sería preciso. Y jamás ve hasta la hora de su muerte; poco antes abre los ojos, y al ver tanta tierra dice: “¡desdichado de mí! ¿Por qué no he comido en abundancia y, por ahorrar, me he mantenido flaco y seco?”, y se muere de desesperación. Es comparable al avariento y usurero, que siempre cree que han de faltarle los bienes y riquezas, y nunca tiene bastante, sino que tiene mayor avidez; y cuando ha concluido, ve la muerte y lo deja todo, y aquel día, le pese o le agrade, ha de ser generoso, pues nada puede llevarse de las cosas del mundo... Por el topo podemos entender, ya que vive solamente de tierra y no puede ver la luz, una clase de hombres y de mujeres que no apetecen ni se nutren sino de los placeres terrenales, y no toman alimento ni creen en las cosas del cielo. De éstos podemos decir que no ven la luz, pues no están iluminados por los designios celestiales; pues los deseos terrenales acosan a los hombres que en ellos se deleitan”

Bestiaris II. S. Panunzio. 1964.


La comadreja (a pesar de ser la única capaz de acabar con el peligroso basilisco) también es un mal ejemplo para los hombres, no sé bien si debido a su afición al sexo oral. Desde luego, imaginación no les faltaba a esta gente:

“De la comadreja dijo el fisiólogo que concibe a través de la boca y, una vez preñada, pare por las orejas. Hay algunos que comen el pan espiritual de la Iglesia: pero cuando se alejan de ella, arrojan la palabra divina fuera de sus oídos, como la comadreja impura, y se vuelven como el áspid sordo, que se tapa las orejas.”

Physiologus, S. II.


Otros animales, por el contrario, representan buenos ejemplos a seguir. Uno de los que mejor prensa tienen en los bestiarios (vete a saber por qué) es la pantera, cuyo comportamiento es ejemplar hasta cuando se pasa durmiendo tres días seguidos:

“La pantera es una bestia muy bella, a manchas negras y blancas, y vive del siguiente modo: de su boca brota tan buen perfume que, cuando ruge, todos los animales que hay en los contornos vienen ante ella, por el gran placer que les produce el aroma que mana de su boca, a excepción de la serpiente, que huye cuando la oye rugir. Y cuando los demás animales han llegado ante ella, atrapa a los que más le agradan y se los come; luego se echa a dormir en algún lugar, y duerme tres días; después, se levanta y vuelve a rugir (y los animales vuelven de inmediato a ella, y coge y devora a los que quiere). Y de esta manera vive y pasa su tiempo.

Esta pantera significa algunos hombres buenos de este mundo, que predican y gritan con fuerza las dulces palabras de Dios, que conducen a las almas a la vida eterna, y así se atraen, por el aroma de las palabras, a todas las criaturas que creen en Dios firmemente; pero, así como la serpiente huye de la pantera, así rehuyen todos los incrédulos el oír la palabra auténtica y perfumada del buen predicador que, cuando ve a los hombres y mujeres buenos que le agradan -que son su vida y su alimento-, hace que ganen la vida eterna del paraíso. Pues ellos, con sus palabras y predicación, hacen que se salven las demás gentes, y así ganan ellos sus almas; pues la Escritura dice que quien, por su predicación o su buena conversación, consiga salvar almas habrá ganado su propia alma y la otra.

Y así como la pantera duerme tres días y después vuelve a rugir como lo había hecho al principio, y acuden a ella los animales de los que se alimenta, así obran los buenos predicadores; pues más se demoran en leer y en meditar las Sagradas Escrituras, y en pensar en las profundidades de la divinidad de Dios, que en predicar a las gentes. Y bien se puede decir que duermen en cuanto al cuerpo, cuando están ocupados en semejantes cosas, como resulta con muchos santos. Y os diré de san Bernardo, que fue uno de los predicadores de buen aroma, que, mientras cabalgaba con sus monjes en el curso de un viaje, pasó por una ciudad, y una vez pasado, no se había dado cuenta -tan ocupado estaba en sus cosas del cielo- y apenas creyó a sus monjes cuando se lo contaron.”

Bestiaris I. S. Panunzio. 1963.


De esta manera, esperaban los autores de los bestiarios influir en el comportamiento de la gente, que debía actuar a imagen y semejanza de los animales. Hoy los tiempos han cambiado y, como no podía ser menos, son los animales los que modifican su comportamiento siguiendo los pasos de los humanos. Que esto ocurre con frecuencia ya lo sabíamos. La omnipresente presencia humana en los ecosistemas naturales hace que ya queden pocas zonas en el mundo donde los seres vivos mantengan sus costumbres y formas de vida ancestrales. A los jabalíes les resulta más sencillo acudir a hacer la compra a los contenedores de basura de las urbanizaciones, los gatos callejeros hace ya mucho tiempo que dejaron de vivir de cazar ratones y pájaros, las gaviotas se dedican ahora a rebuscar en los vertederos y hasta los pocos meros que aún quedan en las Islas Medas acuden a las manos de los buceadores para recibir las raciones de salchichas a las que los vienen acostumbrando desde hace un par de décadas.

Pero poco podíamos imaginar que el impacto del hombre sobre la biología de una especie pudiera llegar hasta el extremo que se muestra en la reciente investigación de Jenny Martín, de la Universidad de Melbourne, sobre las zarigüeyas de cola peluda (Trichosurus caninus). Las zarigüeyas australianas son unos adorables bichitos peludos que normalmente pasan el día en los árboles. Las de cola peluda bajan de noche al suelo para buscar su alimento. Estos animales han sido tradicionalmente un magnífico ejemplo de poliginandria (como ocurre en la mayoría de mamíferos pequeños). Es decir, tanto las hembras como los machos forman parejas con varios miembros del sexo opuesto. En los bosques australianos, su hábitat natural, las zarigüeyas de cola peluda de ambos sexos vivían (al menos hasta ahora) una vida solitaria, reuniéndose esporádicamente con las parejas que podían encontrar (es decir, más o menos como ocurre con los humanos adultos jóvenes en las grandes ciudades).

Pero estas costumbres están cambiando. Jenny Martín ha demostrado que en las zonas de su área de distribución más deterioradas por la actividad humana, las zarigüeyas se están volviendo monógamas. Ahora forman parejas estables, que permanecen cazando juntas durante varios años y crían a sus hijos entre ambos progenitores. Se diría que, cuando se encuentran cerca de las comunidades humanas, las zarigüeyas imitan a sus vecinos primates, abandonando sus salvajes costumbres sexuales para formar una familia cristiana como dios manda. Esos herederos de los bestiarios medievales, el Foro de la Familia, estarán contentos. La palabra de Dios ha llegado hasta los marsupiales.

Fuera bromas. La realidad es otra muy diferente y, como casi siempre, mucho más triste. La actividad humana ha hecho disminuir las poblaciones de zarigüeyas, hasta el punto de que los encuentros con miembros del sexo opuesto se han hecho cada vez menos probables. Si antes, en los buenos tiempos, la vida solitaria era una estrategia válida para una zarigüeya, confiando en los hallazgos fortuitos de un compañero con el que poder reproducirse, gracias a la abundancia de éstos en los bosques, ahora, la progresiva disminución del tamaño de las poblaciones debido a la destrucción del hábitat ha causado que la única estrategia viable para encontrar pareja sea mantener la que ya tienes durante el máximo tiempo posible. La selección natural no perdona, y actúa rápido. Las parejas que optaban por seguir una vida poligámica pueden seguir viviendo en las áreas remotas, donde su densidad de población se mantiene aún elevada, pero desaparecen rápidamente sin dejar descendencia en las zonas habitadas por el hombre, al carecer de las oportunidades reproductivas que sí tienen en estos hábitats civilizados las que se han decidido por la vida en pareja.

El estudio, lejos de ser una mera anécdota, puede servir para interpretar los cambios de estrategias reproductivas que han podido tener lugar a lo largo de la evolución de otros grupos de especies. Por ejemplo, los primates. En el orden Primates hay estrategias reproductivas para todos los gustos. Los gibones, por ejemplo, son estrictamente monógamos, habitan las selvas asiáticas donde permanecen con densidades de población relativamente bajas. Los gorilas son estrictamente polígamos y los grupos están formados por un único macho dominante y muchas hembras reproductoras. Los chimpancés son poliginándricos, y sus familias constan de un número variable de machos y hembras que se aparean entre sí con una promiscuidad que asustaría a los católicos que pretenden poseer la verdad sobre las relaciones pro natura o contra natura.

En cuanto a los humanos... pues hay tantas opiniones como antropólogos. Pero al margen de las opiniones sesgadas, hay una realidad biológica indiscutible: en el orden Primates existe una evidente correlación entre dimorfismo sexual y poligamia, con un espectro que va desde los gibones, monogámicos sin dimorfismo sexual (macho y hembra presentan idéntico tamaño), hasta los poligámicos gorilas o los mandriles, donde el macho pesa casi el doble que la hembra. Los humanos presentamos el mismo grado de dimorfismo sexual que los chimpancés (alrededor de un 20% más pesados los machos que las hembras), por lo que deberíamos tener estrategias reproductivas parecidas... Y yo creo que las tenemos. Aunque las distintas religiones del Mundo (y especialmente las cristianas) nos intenten inculcar una vida monogámica, nos empeñamos en ser poliginándricos como nosotros solos. Los gibones no necesitan mandamientos religiosos para combatir el adulterio, ya que está en su naturaleza ser monogámicos. Los humanos necesitamos mandamientos, represión, leyes y mucho, mucho cargo de conciencia por haber cometido nuestros pecados. Puede ser que la solución (¡Idea para el Foro de la Familia!) sea reducir nuestra densidad de población hasta alcanzar los niveles que han alcanzado las zarigüeyas de cola peluda. Al fin y al cabo, como pretendían los bestiarios medievales, en lo bueno y en lo malo, seguimos tomando a los animales como ejemplo.