El Diablo Sobre Teclas

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sábado, noviembre 25, 2006

Historias de Gigantes

Rescato del olvido un artículo que escribí en 2001. Creo que merece la pena...

Historias de gigantes

Bajo los truenos de lo más profundo,
muy, muy abajo, en el mar del abismo,

su ancestral, imperturbable, letargo sin sueño,
el Kraken dormía...

El Kraken - Albert, Lord Tennyson


Vivimos fascinados por el tamaño. Miles de personas adquieren cada año el "Libro Guiness de los Récords", sólo por el placer de conocer las estadísticas sobre el edificio más alto, el puente más largo o la pizza más grande que la humanidad ha sido capaz de fabricar. Inevitablemente, el hombre imaginó a sus dioses enormes, los hizo habitar en ciclópeas moradas y los representó por inmensas estatuas. Los gobernantes, conociendo bien el respeto que confiere un gran tamaño, fabricaron colosales representaciones de sí mismos en piedra o en bronce, en una tradición continuada, que va desde las enormes estatuas erigidas por Ramsés II, que inspiraron a Shelley su poema Ozymandias, acerca de la grandeza condenada a la desaparición, hasta las cuatro cabezas presidenciales esculpidas en la ladera de piedra del Monte Rushmore, en Dakota del Sur, inmortalizadas en tantas películas, y que sirvieron a Hitchcock de escenario para una de las más escalofriantes escenas de suspense en "Con la Muerte en los Talones".

La naturaleza también tiene sus colosos y, casi siempre, son mucho más impresionantes que cualquier cosa que el hombre, en sus limitaciones, pueda ser capaz de idear. La inagotable curiosidad de los niños, cuando se les cuenta acerca de ésta o aquella maravilla, casi siempre tiene como reacción inmediata el planteamiento de la importante pregunta: "¿cómo es de grande?". Si se les dice que un lobo es casi igual de grande que el perro del vecino, posiblemente no quedarán muy impresionados. Si, por el contrario, les contamos que una ballena azul apenas podría caber en el patio de su colegio, o que algunos de los dientes del Tyrannosaurus eran mayores que su antebrazo, seguramente no podrán reprimir un suspiro de sincera admiración, casi de auténtica veneración. Lo grande es poderoso, y el poder siempre produce esa mezcla de asombro y curiosidad que es el germen de todos los descubrimientos.

Y sin embargo, paradójicamente, algunos de los seres vivos más grandes que habitan, o han habitado alguna vez, nuestro planeta, permanecen aún en la penumbra de lo desconocido, y se cuentan entre las criaturas más enigmáticas que la ciencia haya podido estudiar, a pesar del comprensible esfuerzo que han invertido los científicos en saber más acerca de su naturaleza. Este artículo pretende acercarnos un poco a los monstruos y gigantes de la naturaleza, una tarea que quizás produzca resultados imprevistos y, por ello, más interesantes de lo que cabría imaginar en un principio. Trataré de contar una serie de curiosidades, historias e incluso leyendas sobre grandes criaturas. Cada una a su modo, es un récord viviente, un límite, un campeón del tamaño y del poder y, casi siempre, un enigma.


Gigantes de las profundidades

Nuestros océanos constituyen la última frontera desconocida para el hombre, y gracias al soporte que proporciona el entorno acuoso, pueden albergar formas de vida mucho mayores que la tierra firme. Conocida por todos, debido a su más que evidente notoriedad, la ballena azul, Balaenoptera musculus, aún está entre nosotros, persistiendo a pesar de nuestro prolongado empeño para hacerla desaparecer. Con sus 33.5 m de longitud máxima y sus 190 Tm de masa corporal, este leviatán es el animal más grande que haya habitado jamás nuestro planeta, al menos el doble de pesada que los mayores dinosaurios. El hombre ha cazado a la ballena azul y a todos sus parientes, los grandes cetáceos, durante cientos de años, por su carne, su grasa y otros muchos productos que pueden extraerse de su inmenso cuerpo. Prácticamente cualquier fragmento es aprovechable, desde las barbas o ballenas que usa para filtrar su alimento, hasta el contenido de sus intestinos. Incluso sus enormes costillas sirvieron a los escandinavos en otro tiempo para construir viviendas. Hoy en día no tiene sentido continuar cazando a las ballenas, dejando aparte el hecho de que su desaparición constituiría quizás el golpe más grave asestado por el hombre a la biodiversidad de nuestro planeta, también las razones estrictamente económicas desaconsejan su caza.

Todo lo que se puede obtener de las ballenas puede lograrse también empleando otro tipo de materiales, sintéticos o naturales, y el precio del combustible necesario para el funcionamiento de la flota ballenera, unido al de la mano de obra que requiere su explotación, han hecho que su exterminio deje de ser rentable. A pesar de nuestra larga relación comercial con las ballenas azules, desconocemos mucho acerca de su biología y sus costumbres. Sirva de ejemplo el hecho de que todos tendemos a imaginar a la ballena azul como un animal rechoncho, la forma de su cuerpo aproximadamente como un balón de rugby. Nada más lejos de la realidad, las ballenas azules, cuando están vivas, son animales esbeltos, casi serpentinos, de movimientos rápidos y elegantes. El que nos hayan enseñado una ballena ovoide e hinchada dice mucho acerca de nuestra relación con ella. Las redondeces vienen de los gases procedentes de la descomposición, que comienzan a desprenderse tras la muerte de la ballena, de modo que hinchan su cuerpo y contribuyen a mantener a flote su cadáver, facilitando la labor de los balleneros. ¿Y qué les hemos dado a cambio? Ni siquiera mantenemos una imagen correcta de su esplendor. La percepción que la mayoría de nosotros tenemos de la ballena azul es la de un animal muerto e hinchado, listo para ser descuartizado. Los mitos de nuestros antiguos, casi sin excepción, concedían a los gigantes una muerte heroica, un destino épico y un recuerdo honroso y duradero. Los tiempos cambian. Ahora ni siquiera respetamos a nuestros colosos.



Si la ballena es un animal relativamente familiar para la mayoría de nosotros, el siguiente gigante que nos ocupa es mucho más esquivo, por lo que mucha gente incluso duda aún de su existencia, relegándolo a la categoría de leyenda o mito aunque, en los últimos años, algunos datos sobre su biología han llegado a ser conocidos por los científicos. Es el turno de hablar de un misterioso animal cuya historia estará, quizás por siempre jamás, envuelta en un halo de leyenda. Se trata del calamar gigante, Architeuthis dux. Los científicos han podido estudiar ejemplares de hasta 25 m de longitud, con unos globos oculares de 25 cm de diámetro (los más grandes ojos que haya poseído jamás cualquier criatura, tan grandes como un balón de voleibol). El calamar gigante es un ser tan esquivo que, hasta ahora, ningún científico ha podido observarlo en vivo, limitándose nuestro conocimiento a alrededor de medio centenar de ejemplares muertos, que han podido ser recuperados, varados en las playas, en las redes de los pescadores o en el estómago de algún cachalote. Se sabe, gracias a ello, que esta criatura monstruosa constituye una buena parte de la dieta habitual de los cachalotes, los mayores vertebrados carnívoros que existen en nuestros océanos. Así mismo, se sabe que no siempre es el cachalote el que inicia la lucha. En 1930, un barco noruego informó de que había sido atacado tres veces en el mismo día por un Architeuthis, hasta que la criatura fue atrapada por las hélices del buque, quedando su cuerpo destrozado.



Esto sugiere que quizás el calamar gigante ataque habitualmente a los cachalotes y otros grandes animales de las profundidades. En 1965, un buque ballenero ruso tuvo la ocasión de contemplar la batalla épica entre un cachalote y un Architeuthis, cuyo resultado final fue la muerte de las dos criaturas. El cadáver del cachalote fue encontrado flotando unas horas después, los tentáculos mayores del calamar alrededor de su cuello. Había muerto estrangulado. El resto del cuerpo del calamar se halló en el estómago del cetáceo. Este legendario kraken fue origen de innumerables leyendas en todos los mares del mundo, en épocas pasadas, hasta que, en 1874, se halló un ejemplar varado en la costa de Newfoundland, y fue descrito científicamente, en 1880, por A. E. Verrill, de la Universidad de Yale.


Un último comentario sobre esta increíble criatura, aunque se trate de un hecho no contrastado por los científicos, servirá para hacernos una idea de lo poco que conocemos sobre el Architeuthis. Durante la Segunda Guerra Mundial, la tripulación de un remolcador de la Marina Británica que navegaba por el Océano Indico pudo contemplar, bajo las onduladas aguas, un calamar gigante que nadaba inmediatamente debajo de la quilla del buque. El extremo de sus tentáculos sobresalía por la proa, mientras que su otro extremo, las relativamente pequeñas aletas que adornan su cabeza, se encontraba más allá de la popa del remolcador. El remolcador medía 51 metros de eslora. Todo esto sirve para convencernos de que, en las profundidades del océano, existe una criatura que puede alcanzar, como mínimo, hasta 25 m de longitud, que jamás ha sido observada en vivo por ningún científico, y de la que se desconoce prácticamente todo. Si nuestro conocimiento sobre este coloso, el mayor invertebrado que ha habitado jamás nuestro planeta, es tan pobre, podemos imaginar entonces los miles de misterios protagonizados por seres menores, pero igualmente fascinantes, que encierran aún las profundidades, y cuya existencia nos es aún completamente desconocida.

Si nos interesa el tamaño de los gigantes, mucho mayor aún es la fascinación o incluso el auténtico miedo que les tendremos, si se trata de animales carnívoros. En presencia de un elefante podemos sentir respeto o reverencia, pero si nos encontramos, cara a cara, con un tigre de Siberia, el mayor carnívoro que habita tierra firme en la actualidad, sin duda recorrerá nuestro cuerpo un escalofrío de genuino y ancestral terror. El cachalote, Physeter catodon, con sus 19 m de longitud es, en la actualidad, el vertebrado carnívoro más grande que habita el océano (y, por tanto, nuestro planeta). También es origen de duraderas leyendas. Moby Dick, la ballena blanca de la inmortal historia de Herman Melville, era un cachalote y, en realidad, estos cetáceos, como cualquier gran depredador, se comportan de un modo agresivo. De hecho, han sido responsables de miles de muertes entre los remeros de las barcazas de las flotas balleneras de tiempos pasados, cuando la técnica de caza era mucho más peligrosa que en la actualidad. Sin embargo, el cachalote no es el mayor vertebrado carnívoro que haya existido. Este honor corresponde a un reptil marino del Jurásico llamado Liopleurodon, el mayor monstruo carnívoro que jamás haya vivido sobre nuestro planeta. Liopleurodon, cuyo nombre significa "dientes de bordes lisos" no era un dinosaurio, pertenecía a una clase diferente de reptiles marinos, los pliosaurios, o plesiosaurios de cuello corto, y alcanzaba una longitud de hasta 25 m, y un peso de alrededor de 150 Tm. Poco sabemos acerca de su biología, pero podemos imaginar que dominó los mares de su época, de un modo aún mas dictatorial del que hoy practican los cachalotes, capturando toda clase de animales con sus enormes dientes, el doble de grandes que los de un Tyrannosaurus, que coronaban una impresionante boca de 3 m de longitud. Sin duda una auténtica pesadilla para todos los habitantes de los mares del Jurásico.


Gigantes sobre la superficie terrestre

Todos sabemos que el mayor animal que camina hoy día sobre tierra firme es el elefante africano, Loxodonta africana, protagonista de tantos documentales que cualquier dato que pudiera yo dar aquí resultaría completamente redundante. Pero, en el pasado, caminaron seres mucho mayores sobre la Tierra. El honor de ser el mayor mamífero terrestre es disputado entre dos herbívoros estrechamente relacionados, los rinocerontes gigantes del Mioceno, el Indricotherium y el Paraceratherium, con una altura máxima de unos 6 m hasta los hombros, una longitud de unos 8 m y un peso de 18 o 20 Tm. En comparación, los mayores machos de elefante africano pesan hasta 6 Tm, con una altura de hasta 4 m. Estos antecesores de los rinocerontes y los tapires, relacionados también con los actuales caballos, llevaban posiblemente una vida muy parecida a la de los elefantes de hoy en día, con la salvedad obvia de que podían comer hojas de árboles más altos.

Por supuesto, todos los mamíferos terrestres se quedan pequeños ante la inmensidad de los dinosaurios. Los mayores dinosaurios pertenecieron al suborden de los Saurópodos, cuyos miembros más famosos son el Diplodocus (28 m de longitud) y el Brontosaurus (más correctamente denominado Apatosaurus, con 27 m). Sin embargo, en los últimos años, se han multiplicado los hallazgos de nuevas especies de enormes Saurópodos, cada uno de los cuáles podría haber sido el mayor animal que caminó sobre la Tierra. Entre ellos, Seismosaurus posiblemente alcanzó una longitud de hasta 37 m, y sus primos sudamericanos Andesaurus y Argentinosaurus se disputan el preciado honor, estimándose su longitud máxima en 40 y 42 m respectivamente. En la actualidad, podemos considerar a Argentinosaurus huinculensis, descubierto en 1993, el mayor animal terrestre conocido. Su peso total superaría ampliamente las 100 Tm, tanto como 5 Paraceratheriums, 20 elefantes africanos, o algo más de 1200 Homo sapiens juntos.


Hasta hace muy poco tiempo, el mayor carnívoro terrestre conocido era Tyrannosaurus rex, que se ha hecho tan famoso como para poder ser incluido en el reducido círculo de las criaturas, junto a H. sapiens, E. coli o D. melanogaster, cuyo nombre científico puede ser descrito inconfundiblemente con una abreviatura, T. rex. Con sus 12 m de longitud, una altura de unos 6 m y un peso total de alrededor de 6 toneladas, este Terópodo debía ser una efectiva máquina de matar, temida por todos los dinosaurios de su época. Recientemente, sin embargo, se han encontrado restos fósiles de otros dos carnívoros mayores que el T. rex, cuyos nombres aún no se han hecho famosos entre el público, aunque, posiblemente, nunca logren alcanzar la fama del Tyrannosaurus, cuyo nombre aún es capaz de despertar escalofríos de terror entre los niños, 65 millones de años después de su desaparición. Los sucesores del T. rex en la disputa por la corona del más aterrador animal que haya pisado la tierra firme se llaman Carcharodontosaurus (lagarto de dientes de tiburón), con 13.5 m de longitud y unas 8 Tm de peso, que vivió en lo que hoy es el desierto del Sahara, y su pariente cercano, Giganotosaurus (lagarto gigante del Sur), un behemoth que vivió en lo que hoy es Argentina, medía 15 m de longitud y pesaba 8 Tm. Ambos pertenecen a la familia de los Alllosaúridos, y no estaban estrechamente relacionados con el T. rex. Su cerebro era bastante menor que el de éste último, por lo que, a pesar de su mayor tamaño corporal, presumiblemente no fueron tan inteligentes como el Tyrannosaurus.

No me resisto a hacer un comentario curioso. En los nombres de Argentinosaurus huinculensis y Giganotosaurus carolinii, se puede observar una tendencia a romper con una larga tradición, consistente en nombrar a los mayores gigantes de cada grupo animal con nombres específicos usados normalmente para designar gobernantes. Así, nos encontrábamos no sólo al T. rex (rey en latín), sino al calamar Architeuthis dux (dux es un general o gobernante militar) o, por ejemplo, el mayor escorpión conocido (Pandinus imperator), la mayor mosca europea (Lucilia caesar) y la mayor libélula europea (Anax imperator). Quizás los tiempos han cambiado, y los gobernantes ya no impongan tanto respeto como en épocas pasadas, o quizás los taxónomos han asumido que la gloria de sus hallazgos, como la del Ozymandias de Shelley, es sólo efímera, y sus reyes y emperadores, serán posiblemente derrocados algún día por el hallazgo de nuevas y desconocidas criaturas.



El mayor de todos los seres vivos

Sin embargo, el récord absoluto de tamaño entre los seres vivos no lo ostenta un animal, ni tampoco una planta, sino un sorprendente hongo. Se trata de las colonias del género Armillaria, u hongos de miel. Aunque para apreciar su peculiar carácter, es necesario que revisemos nuestro concepto de individuo. Armillaria no es lo que uno reconocería fácilmente como un organismo individual, se parece, más bien, a la masa devoradora de las películas de terror de los años 50. Es un hongo filamentoso parásito, que destruye las raíces de los árboles. Su cuerpo está formado por una maraña subterránea, extremadamente intrincada, de hebras fibrosas (rizomorfos), que se extienden por el subsuelo del bosque, de un árbol a otro, alimentándose de los nutrientes que roban de éstos, hasta que los destruyen.

Lo único que podemos ver directamente de Armillaria son sus órganos reproductores, que el hongo emite, cuando las condiciones son las adecuadas, y aparecen en la superficie del bosque, generalmente junto a la base de los árboles muertos o moribundos. Nosotros los reconocemos normalmente como setas. Estas setas, del color de la miel, no son, ni mucho menos, el organismo completo, sino sólo sus cuerpos fructíferos, que permiten liberar las esporas del hongo, para que sean arrastradas por el viento y le permitan así extenderse y colonizar otras partes del bosque. En 1992, los biólogos realizaron análisis genéticos de muestras de Armillaria bulbosa tomadas en distintos lugares de un bosque de Michigan, con una extensión total de 37 acres (15 hectáreas), que resultaron ser completamente idénticas, por lo que llegaron a la conclusión de que todas ellas pertenecían a un único organismo, un enorme individuo que había colonizado completamente el bosque. Este hallazgo adquirió rápidamente notoriedad por ser el mayor ser vivo jamás encontrado, pero su récord fue bastante efímero y las nuevas investigaciones lo han dejado pequeño.


Los cuerpos fructíferos de Armillaria bulbosa

Muy pronto, fueron localizados ejemplares de un pariente cercano, Armillaria ostoyae, en el estado de Washington, con una extensión de 1.500 acres. El último hallazgo, que por ahora representa el récord máximo de tamaño de cualquier organismo vivo conocido, se hizo público en agosto del 2000. Se trata de un único individuo de Armillaria ostoyae, hallado en el Parque Nacional de Malheur, en Oregón, con una extensión de 2.400 acres, equivalente a 1.665 estadios de fútbol americano. Su masa total se estima en unas 650 Tm. Un auténtico coloso, que se extiende, progresando furtivamente, por debajo del bosque, ante nuestros propios ojos, sin que nosotros apenas nos demos cuenta. La mayor de las grandezas, muchas veces, se oculta inadvertida bajo la superficie. Al igual que los restos del Ozymandias de Shelley, medio enterrados por la arena del desierto, el más grande de nuestros gigantes yace oculto bajo tierra.

7 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Hola "El Diablo" soy Tossut del foro caranx.net. Tenemos una polémica con los compañeros sobre una especie de calamar capturado en Canarias. Igual te interesa el tema....Salut i força...
http://www.caranx.net/forums/index.php?showtopic=2780&st=0

28/11/06 2:31 p. m.  
Blogger El Diablo said...

Hola Tossut.

Pues a mí, así de lejos, me sigue pareciendo un Taningia, aunque a partir de la foto es muy difícil de decirlo.
En cualquier caso si, como decís, tiene sólo ocho brazos y no posee los dos tentáculos largos, entonces esto apunta a que sea de la familia Octopoteuthidae, que sólo tiene dos géneros conocidos: Octopoteuthis y Taningia. Las aletas laterales de los Octopoteuthis son bastante diferentes, en posición más extrema, más pequeñas y redondeadas, así que sólo nos queda Taningia.
Si no tenía los fotóforos puede ser que sea porque se trate de una forma juvenil (el Taningia adulto es enoooorme) y el aspecto va cambiando mucho a lo largo de la vida del bicho. Si las formas juveniles viven a menor profundidad, seguramente no tengan los fotóforos tan desarrollados (los fotóforos del Taningia adulto son los más grandes que se conocen en cualquier animal. O puede ser que los tuviera cerrados (tienen una especie de labios y cuando están cerrados aparecen sólo como un rayita oscura y Nono no se los viera después de freirlo.

Más información en: http://tolweb.org/Taningia_danae/19840

Me he dado de alta en el foro de Caranx.net, pero aún no me han autorizado. En cuanto me autoricen, publico todo esto allí, a ver que os parece.

Un saludo.

29/11/06 1:41 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

Jejeje: Desde ya te doy la bienvenida a nuestro humilde foro. Ten paciencia con "Il Moderatore" ;-D Segurísimo que tus conocimientos serán muy enriquecedores. Si has hojeado el foro y la página de Nicola Zingarelli "Caranx", habrás visto que se trata de gente absolutamente fascinada por el mar y sus habitantes, no en vano la principal filosofía del foro es el captura-foto-suelta. Ten mucho cuidado con probar esto del spinning, es muy adictivo...

29/11/06 7:02 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

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13/11/09 10:00 a. m.  
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Anonymous Anónimo said...

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30/11/12 2:59 a. m.  

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